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Mascarillas quirúrgicas, filtrantes y caseras contra el coronavirus: cuáles protegen, cuáles no

CASALPUSTERLENGO, ITALY - FEBRUARY 23: A man wearinig a respiratory mask and gloves is pictured on February 23, 2020 in Casalpusterlengo, south-west Milan, Italy. Casalpusterlengo is one of the ten small towns placed under lockdown earlier this morning as a second death from coronavirus sparked fears throughout the Lombardy region. (Photo by Emanuele Cremaschi/Getty Images)

¿Qué diferencia hay entre las mascarillas quirúrgicas y las FFP (Filtering Face Piece), con filtro de micropartículas? ¿Sirve para algo hacerse una mascarilla casera, de papel higiénico o con tela, como las que se ven en muchos tutoriales que han surgido durante la pandemia?

MADRID, España. 30 marzo, 2020 (eldiario.es) — Las mascarillas se han convertido en la imagen icónica de la crisis del coronavirus. Pero no todas son iguales ni protegen del mismo modo. ¿Qué diferencia hay entre las mascarillas quirúrgicas y las que tienen válvula? ¿Sirve para algo hacerse una mascarilla casera, de papel higiénico o con tela, como las que se ven en muchos tutoriales que han surgido durante la pandemia?

Es más: ¿deberíamos usar mascarillas para bajar al supermercado y frenar la diseminación del coronavirus, o es contraproducente? Hablamos con el doctor Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) para despejar todas las dudas.

¿POR QUÉ LAS MASCARILLAS NOS PROTEGEN?

El coronavirus se contagia, sobre todo, a través del contacto con las gotas respiratorias que se generan cuando una persona enferma tose, estornuda o habla. “El mayor riesgo de contagio está en la producción de gotas, como las de saliva, que contengan el coronavirus”, explica Lorenzo Armenteros, médico y portavoz de la SEMG, que participa en la elaboración de los protocolos del Ministerio de Sanidad para frenar la expansión de la pandemia.

Primero, cuando estas gotas quedan en alguna superficie, entramos en contacto con ellas y después nos tocamos la nariz, los ojos o la boca. Por eso, hay que lavarse de forma correcta las manos con agua y jabón, o con una solución hidroalcohólica, y con frecuencia: se recomienda frotarlas durante unos 20 segundos. Pero el coronavirus también se transmite por el aire, “porque cuando estornudamos, tosemos o hablamos se desprenden gotas”, explica Armenteros.

No obstante, estas gotas alcanzan una distancia máxima de un metro. Por eso, hay que respetar esta distancia de seguridad entre personas o superior, como recomienda el Centro de Enfermedades Infecciosas (CDC, por sus siglas en inglés) de Atlanta. Ahora bien, el uso de mascarillas o cubrecaras también puede frenar el contagio.

Por un lado, si estamos enfermos (aunque no tengamos síntomas) se evita que las gotas con coronavirus salgan al exterior, y también su diseminación. Por otro, nos protege de las gotas de saliva de otra persona y evita que nos llevemos las manos a la boca. Pero ni todas valen ni todas son igual de efectivas en estas tareas.

TIPOS DE MASCARILLAS

1. MASCARILLAS QUIRÚRGICAS. Se han convertido en un icono de la pandemia. Su venta en España se ha disparado un 10.000% con respecto a 2019, según la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (Fedifar), lo que las hace muy difíciles, casi imposibles de encontrar en farmacias. Lo que ha provocado un peligroso déficit de mascarillas incluso entre el personal sanitario. Cubren la boca y la nariz, y están fabricadas con sustancias de polipropileno, un polímero parecido a la celulosa vegetal, o de celulosa.

Es decir, no deja de ser una mascarilla de papel de diferentes capas, normalmente tres. A veces cuentan con una capa de material plástico para minimizar la salida de gotas, o pueden tener filtros; y las hay planas o redondeadas y algo más rígidas. No están hechas para proteger de aerosoles, pero sí pueden constituir una barrera para esas gotas de saliva que suelen desprenderse con la tos, al hablar o en un estornudo.

Solo evitan que las gotas con virus salgan al exterior. “No están diseñadas para proteger de fuera hacia dentro, solo protegen de dentro hacia fuera”, remarca Armenteros. No sirven, por tanto, para protegerse del ambiente, pero son útiles para evitar la diseminación del virus, que este no salga. Si la mascarilla quirúrgica tiene una parte impermeable, poco porosa, sí puede evitar que entren las gotas más grandes. Y si dos personas las llevan, ambas evitan esa posible diseminación. “Por eso, en el ámbito médico, si tanto el paciente como el personal sanitario la llevan, sí habrá una protección”, afirma Armenteros.

Debido a la falta de mascarillas de mayor calidad o garantía, los protocolos sanitarios actuales de atención inicial al paciente del Ministerio de Sanidad, así como los que preparan las comunidades autónomas, recomiendan que tanto el personal sanitario como el paciente usen mascarillas quirúrgicas. Esto es así siempre que no haya aparatos de respiración o nebulizadores activados. “Una opción no tan segura como las mascarillas autofiltrantes FFP2 o FFP3, pero sí necesaria porque carecemos de otro método de protección”, admite Armenteros.

2. MASCARILLAS FILTRANTES. Se conocen como FFP (filtering face piece) y contienen un filtro de micropartículas que impide la circulación del virus de fuera hacia dentro. Su finalidad es proteger a quien la lleva puesta. Existen tres tipos, según la eficacia de su filtro: 1) las FFP1, que filtran el 78% del aire; 2) las FFP2, el 92%; 3) FFP3, las más eficaces, el 98%. Algunas tienen una válvula de exhalación para reducir la humedad en el interior de la mascarilla.

Las mascarillas FFP2 y FFP3 sí impiden la entrada del coronavirus; pero escasean incluso en los centros sanitarios, y hay desabastecimiento. “Lo ideal sería que el personal sanitario y las personas con contacto con una persona enferma lleven la FFP2; pero puesto que hay déficit, los protocolos de recepción de pacientes señalan que tanto el paciente como la persona que lo atiende lleven mascarillas quirúrgicas”, apunta Armenteros.

Cuando se aplican técnicas ventilatorias, como las utilizadas con respiradores o nebulizadores, sí es obligatorio usar el FFP2 o FFP3. Las FFP2 y las FFP3 protegen contra el coronavirus, pero por solidaridad y para no colapsar el sistema debe usarlas solo el personal sanitario y de mayor riesgo, recuerdan las autoridades. Hay que evitar comprarlas y más aún acapararlas en casa.

3. MASCARILLAS CASERAS: DE PAPEL HIGIÉNICO O DE TELA. Las mascarillas caseras hechas con papel higiénico, tela u otros tejidos no están médicamente comprobadas, ni autorizadas. “Son actos de muy buena voluntad, pero no ofrecen garantías más allá de constituir una barrera protectora para determinadas gotas”, recuerda el médico. Tienen poca acción protectora: la que apenas ofrecería un pañuelo de papel o de tela, porque no son más que eso.

4. MASCARILLAS CONTRA GASES Y VAPORES. Tienen la misma capacidad que una mascarilla quirúrgica. Están pensadas para sustancias tóxicas como la pintura y los aerosoles, pero no para frenar la inhalación ni exhalación de microorganismos como el coronavirus. Para esto solo sirven las FFP2 y las FFP3.

PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE LAS MASCARILLAS

Si bajo a comprar, ¿me pongo la mascarilla? Las mascarillas quirúrgicas pueden ser útiles para evitar la diseminación del virus porque evitan que salgan al exterior. Se puede usar si vas al supermercado o si vas a la farmacia, ya que podemos ser un vector sin saberlo, por ejemplo, asintomático, y evita la posibilidad de contaminar superficies. Pero, una vez más, no protegen de fuera hacia dentro.

¿Las mascarillas se pueden lavar y reutilizar? No, las mascarillas quirúrgicas no son lavables. Al ser de celulosa, si las lavamos, pierden las características del filtro y se desharían. Las mascarillas filtrantes sí pueden reutilizarse si las mantenemos en buenas condiciones higiénicas, igual que las que protegen contra los gases. Las de tela, aunque menos eficaces, sí se podrían lavar con una solución de lejía, pero no son aconsejables.

¿Cómo hay que ponerse una mascarilla? De utilizarlas, hay que ajustarlas muy bien a la nariz, de forma que tapen la nariz y la boca. Y si son de atar, hay que fijarlas a la nuca lo más fuerte posible para que se ajusten bien. La mayoría de las que vemos se colocan con dos gomas detrás de las orejas y dejan muchos espacios; aunque cumplen el objetivo de proteger de dentro a fuera.

Finalmente, Armenteros hace un llamamiento: ante una situación tan compleja como la que vivimos, y mientras continúe el déficit, dejemos las mascarillas al personal que está en mayor peligro, sobre todo el personal sanitario. “No podemos correr el riesgo de que aumenten las bajas y las cuarentenas entre el personal sanitario. Por eso, el uso de mascarillas debe ser siempre a favor del personal que está en primera línea de lucha contra la pandemia”, señala.