Latinoamérica

Comedores comunitarios intentan hacer frente al hambre infantil en Venezuela

In this Dec. 12, 2017 photo, a mother with her son eat a free meal at a soup kitchen sponsored by the opposition in Caracas, Venezuela. The opposition's outreach is in some ways taking a page from the same socialist leaders they have been struggling for years to unseat from power. (AP Photo/Fernando Llano)

Al comedor comunitario del sector llamado Carapita, ubicado en una pequeña vivienda, asisten unos 90 niños de lunes a viernes y ahí reciben un almuerzo que ayuda a atenuar la severa crisis económica que golpea a sus familias e impide a muchos tener tres comidas diarias.

CARACAS, Venezuela 17 nov. 2018 (EFE) — Un grupo formado por madres y líderes comunitarios prepara diariamente alimentos que reparten a niños de escasos recursos en un comedor comunitario del populoso sector del oeste de Caracas, en un programa que adelanta la iniciativa Caracas Mi Convive y que se reproduce en 60 espacios en toda Venezuela. Al comedor del sector llamado Carapita, ubicado en una pequeña vivienda, asisten unos 90 niños de lunes a viernes y ahí reciben un almuerzo que ayuda a atenuar la severa crisis económica que golpea a sus familias e impide a muchos tener tres comidas diarias.

La casa donde funciona el comedor pertenece a Doris Salazar, una obrera de 57 años, quien dijo a Efe que la prioridad es atender a los niños “más necesitados y a los que a sus papás el dinero no les alcanza para nada”. También, explicó, reciben a dos ancianos y cuatro jóvenes embarazadas y lactantes. Este comedor sirve de lunes a viernes un menú variado de unas 500 kilocalorías diseñado para cubrir los requerimientos nutricionales mínimos para un niño, según indicó Claudia Astor, de Caracas Mi Convive, organización que desde 2016 ha auspiciado estos espacios.

Astor detalló que, además, el menú está pensado para que los viernes y lunes los menores “reciban alimentos más robustos en vista de que los fines de semana no podemos garantizarles que coman”, por lo que también realizan un seguimiento de la alimentación fuera del comedor y del peso y talla de cada niño. Asistir al colegio es requisito obligatorio para estar en el comedor, por ello a la casa de Doris acuden tandas de 20 niños en dos turnos, primero los que van a la escuela en las tardes y luego los que estudian por las mañanas, quienes antes de sentarse a la mesa a tomar sus alimentos reciben dos cucharadas de complementos vitamínicos.

“También les damos dos días a la semana un vaso de leche y los otros tres días lactovisoy (suplemento para hacer frente a la desnutrición materno-infantil) y fruta”, agrega Salazar, quien lleva el control diario de los niños que asisten. El mes pasado, el Parlamento venezolano, dominado por la oposición democrática, calificó de crítica la situación alimentaria en las escuelas del país, al denunciar que el 90% de ellas no cuentan con el Programa de Alimentación Escolar, ni con “recursos para atender a niños y adolescentes”, mientras “la desnutrición va galopando”.

El área donde se alimentan está rodeada de carteleras, diseñadas por los voluntarios y los propios niños en las que se incentivan valores como agradecimiento y solidaridad, pilares de Caracas Mi Convive. El cofundador de esta iniciativa, Roberto Patiño, explicó a Efe que la idea es trabajar con estas personas “independientemente de su tendencia político-partidista (…), dejando a un lado las diferencias a nivel comunitario”.

El programa da herramientas a líderes comunitarios con las que buscan “derrotar el escepticismo y promover la participación” de las comunidades, sostiene Patiño y asegura que no existe “ningún tipo de discriminación, ni por razones religiosas, por razones étnicas, ni mucho menos por razones político-partidistas”. Doris Salazar recibe a Patiño en su casa como a uno más de sus hijos, pues asegura que con su llegada “abrió los ojos” tras haber sido partidaria de la llamada revolución bolivariana, y empezara, junto a una de sus hijas, a batallar contra el hambre de los niños de su comunidad en 2016.

“Me siento muy satisfecha, porque los niños me ven en la calle y me abrazan, me dan besos. Eso para mi es una alegría, porque a mi siempre me ha gustado trabajar con niños, me siento demasiado orgullosa y muy feliz”, dice Salazar. Según datos publicados a mediados de este año por la ONG Caritas de Venezuela, el 56% de los niños padecieron el pasado año el “déficit nutricional”, por el insuficiente consumo de alimentos para su normal desarrollo.

Según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) que realizan anualmente las principales universidades del país, más de la mitad de los venezolanos, por encima del 61%, pasaron a vivir en la pobreza extrema en 2017 y perdieron más de 10 kilos de peso. Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de crudo en el mundo, sufre una crisis económica que se traduce en escasez de alimentos básicos y medicinas e hiperinflación, un fenómeno que dificulta aún más la obtención de alimentos.

El Gobierno venezolano achaca la crisis a una supuesta guerra económica por parte de Estados Unidos y niega que el país atraviese una crisis humanitaria.